Reflexiones

MI LABOR COMO DOCENTE

Como estudiante de Ciencias Políticas y Administración Pública nunca estuvo en mi imaginario dedicarme a la docencia. De hecho, me certifique en la Enseñanza del Idioma Inglés únicamente porque considere que al tener el nivel de inglés podía continuar con dicho proceso mientras realizaba mi trabajo de tesis. No obstante, al concluir mis estudios y mientras estaba en espera de mi título, el subdirector de  mi Centro Universitario me invitó a dar clases dentro del Programa Institucional de Enseñanza del Inglés a grupos de  tercero, quinto y octavo semestre de las Licenciaturas en Contabilidad, Administración y Economía; y fue así como se suscitó mi arribo a la docencia.
Mi primer mes como docente  fue un desastre; muchos de mis estudiantes eran de mi edad o más grandes y aunque había estudiado estrategias de enseñanza para reading, listening, speaking y writing; e incluso había impartido, en equipo, pequeñas clases durante mis evaluaciones de certificación; la realidad era que yo sentía  nerviosismo e impotencia al no saber cómo desarrollar el interés de mis estudiantes por mis asignaturas. De hecho, la vida me hizo comprender que ni todos los conocimientos, ni la planeación, ni la vida como estudiante, ni la participación en eventos o los cursos de orador son suficientes para ser maestro; ser maestro implica aprender día a día, aceptar nuestros errores y develar nuevos horizontes por los cuales llevar a nuestros estudiantes a la adquisición del aprendizaje. Ser maestro es una tarea permanente que involucra tomar el papel de doctor, orientador, amigo, guía, abogado, contador, mago y sobre todo psicólogo.  Sin lugar a dudas, es una de las profesiones más difíciles pero también una de las más gratificantes.
Mi experiencia de dos años como maestra en la Universidad me hizo cometer muchas barbaridades pero también me ayudo a amar el ser parte del cuerpo de catedráticos. Las enseñanzas, recomendaciones y satisfacciones que me brindaron mis estudiantes me hicieron hacer de la docencia una forma de vida. El destino me llevó poco después a integrarme al Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario No. 35 en dónde mi principal labor como docente ha sido en la materia de inglés – desde hace seis años hasta la actualidad -; y, tras la integración de las materias básicas de humanidades en el Bachillerato Tecnológico también en la materia de Ética  - pues aunque solo tuve un grupo, mi labor se fortaleció y fue una experiencia muy enriquecedora pues pude aplicar varios de mis conocimientos formativos en la selección, diseño y aplicación de las estrategias de enseñanza-aprendizaje -.
Como docente, consideró necesario expresar que me gusta iniciar auspiciando la reflexión de mis estudiantes acerca de la utilidad de las asignaturas que imparto para su vida diaria, su desarrollo académico, profesional  y social. Recalco la importancia de crear expectativas de aprendizaje a partir del reconocimiento de las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que tiene cada estudiante y en base a ello generó compromisos con los estudiantes que van de la mano con mis compromisos como docente.
Todas las actividades de enseñanza que realizó las analizó conforme a las necesidades de aprendizaje y se complementan con comunidades de indagación, lecturas reflexivas, juegos de bingo, serpientes y escaleras, karaoke, juego de roles, maratón, teléfono descompuesto, presentación de squetch de temas específicos, películas, videos y canciones; con el objeto de reafirmar las competencias  a través de su trascendencia con la vida cotidiana de los educandos.
Al concluir cada clase  cuestiono a los estudiantes sobre los aprendizajes del día, resalto sus aciertos y los invito a reflexionar sobre sus obstáculos para que los conviertan en desafíos. Por otra parte, al final de cada semestre los estudiantes, expresan sus recomendaciones para el curso y se realiza una ceremonia de entrega de diplomas en cada grupo en dónde se felicita a los estudiantes más destacados y se les obsequia material didáctico para complementar su formación. En dicha ceremonia se presentan los trabajos elaborados por los estudiantes.
Ser docente a nivel medio superior es muy interesante, pero también muy arduo. No es lo mismo trabajar con chicos universitarios, que saben a lo que van, a trabajar con chicos de bachillerato obligados  ir a estudiar. Es por ello, que he tenido que luchar contra el pesimismo de mis estudiantes, contra los estigmas del idioma, contra la falta de motivación, contra sus impulsos, problemas de drogadicción y problemas de aprendizaje. He tenido que convertirme muchas veces en juez pero también en cómplice; he tenido que generar un proceso de estira y afloja para hacer que incursionen en las actividades y cumplan con los requerimientos de la asignatura.
Reconozco que me falta mucho para ser una gran maestra, mi 30% de reprobación y mis índices de deserción son un foco rojo que me recuerda que tengo que luchar contra muchas adversidades, que tengo que prepararme aún más y sobre todo que tengo que aprender nuevas estrategias de enseñanza para motivar a mis estudiantes. Debo de cultivar en mi la paciencia y la comprensión y, a la par, el respeto, el trabajo en equipo, el compromiso, la honestidad, la puntualidad y sobre todo el interés y el amor por el inglés y la ética en mis estudiantes.
En esta aventura de ser maestra he aprendido más de lo que jamás pensé. Es cierto que en mis quimeras nunca concebí el ser maestra; de hecho,  el destino, las oportunidades y la vida misma me han llevado a tomar el timón del barco de la enseñanza. No obstante, hoy agradezco a todas esas circunstancias porque tengo la certeza de que el futuro de nuestra nación y, por ende, de la gran aldea global está en la sociedad y, por ello, nuestros estudiantes deben  estar mejor preparados para enfrentar los desafíos económicos, políticos, sociales, culturales y tecnológicos que se presentan día a día.
Berenice Jaime Romero

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